Ilustración: Alejandro Délano.

Primer lugar

Cuento de comisaría

Desde Santiago, a Plutarco lo mandaron castigado al sur, a cargo del retén Paso Alto, cerquita de Argentina. Llegó bravo, imponiendo su ley. (Esa ley que él mismo no respetaba). Cortó el único álamo que había en la pampa. Se tomó todas las botellas, dio vuelta una camioneta –que compró usada en zona franca– y la escondió detrás de un puesto. Le disparó a un ñandú, a dos zorros, mató un puma con cuyo colmillo hizo un collar. Pasó partes a gauchos indocumentados y cobró comisiones a choferes sin papeles. De enemigos hizo amigos. Finalmente, Plutarco lo pasó muy bien.

Paola de Smet d’Olbecke Errázuriz, 50 años, Punta Arenas.

Ilustración: Marcos Torres.

Talento Infantil

El paisaje

El viento sopla, los árboles bota y la tierra mueve. La nieve cubre todo, las personas no encuentran las cosas, y cuando se va la nieve, nacen otras cosas.

Emilio Martínez Thiess, 7 años, Cabo de Hornos.

Ilustración: Alejandro Délano.

Talento Joven

No me quiero ir

Mi papá fue despedido. La estancia fue vendida y traerán gente nueva, esa gente nueva del norte. Nos tenemos que llevar todo, dice mi mamá. Y yo me pregunto: ¿dónde coloco el olor de la lenga, del caballo, y el sabor del agua de la turba? No me quiero ir.

Diana Gómez Barrientos, 16 años, Punta Arenas.

Ilustración: Diego Oyarzún.

Talento Mayor

Te amo, María

Mi hijo termina la conversación telefónica con su compañera diciéndole: «Te amo, María». Me quedo pensando y me digo: yo hubiese dicho «Te quiero, María». Así lo aprendí. El verbo amar era para «amar a Dios por sobre todas las cosas»; para asuntos hermenéuticos, diría mi papá. Algo debe haber cambiado; tal vez se deba a la influencia de las series gringas: «I love you». Tendré que comenzar a usar más el verbo amar. Intentaré con la vieja. Espero que no note nada raro, ni me diga: «¿Y a ti qué te dio de llamarme así, ahora de viejos?».

Marco Antonio Barticevic Sapunar, 69 años, Punta Arenas.

Ilustración: Juan Tapia.

Mejor relato del futuro

Fin de siglo

Los camiones dejaron de llegar. De Fuerte Bulnes dieron doce cañonazos al Estrecho antes de tomárselo el Ejército, y la Ruta 9 ya no trae nada del norte. Alberto arrastra su artrítico cuerpo hacia la ventana. Afuera los barcos en fila, cruceros y pesqueros chinos esperando algo, atontados, indecisos. Desde la cocina hierven las papas, se fríe la carne. El viejo se sienta y prende la tele para buscar algún canal que funcione. «Por lo menos ahora hay invernaderos», piensa, mascando una manzana. Un diente se le queda atascado. Afuera el viento acalla todo.

Vicente Farfán Bandera, 19 años, Punta Arenas.

Ilustración: Diego Oyarzún.

Mención Honrosa

Todo tiempo pasado fue mejor

Él y los de su generación fueron llamados «pandemials», por haber nacido en esos duros años de confinamiento y precipitados cambios sociales y tecnológicos. Hoy, el viejo se queja del permanente zumbido de los cientos de molinos gigantes que capturan la energía del viento y del cielo atravesado por incontables filas de satélites que manchan el firmamento. Prefiere cerrar los ojos y sumirse en la añoranza de su niñez, cuando las estrellas parecían inmóviles y el horizonte era solo una línea eterna.

Michael Arcos Valenzuela, 46 años, Punta Arenas.

Ilustración: Andrea Araneda.

Mención Honrosa

Los geólogos

Cuentan que cuando el tirano llegó a Magallanes el 84, la rabia no se hizo esperar: rocas, escombros, peñascos, toscas, piedras, volaron sobre la cabeza del general y sus edecanes. Los esbirros no quedaron tranquilos; aún con los capotes sucios pidieron el análisis de esas muestras para ubicar el domicilio de los partisanos. Los geólogos las analizaron y descubrieron que algunas rocas eran fósiles, fósiles del periodo cretácico, y que, tal como los dinosaurios –dieron cuenta en el informe–, ellos en algún momento también iban a desaparecer.

Carolina Berrocal Gutiérrez, 34 años, Punta Arenas.

Ilustración: Ruben Sillard.

Mención Honrosa

Jineteada

El gauchito revoleó el rebenque y el tordillo enloqueció, arqueó su lomo manchado y de un brinco salió del palenque. El polvo no permitía distinguir quién era la fiera en ese baile de guapos amarrados por la ira; así, el jinete se aferraba como podía al rabioso torbellino. Justo frente a la tranquera, el bagual corcoveó liberando su carga, al tiempo que a lo lejos sonaba una campana; el jinete levantó su puño orgulloso y el tordillo saltó a la libertad. En la estancia nunca más se le vio, pero anda por ahí: se siente la brisa que deja al galopar.

Mauricio Mayorga Mimica, 47 años, Punta Arenas.